El día a día
He olvidado lo que se siente levantarte con ánimos de tener una buena jornada, y no porque no quiera tenerla, sino que, se me ha vuelto casi imposible tener una. Claro, que el 90% de tu energía la consumas en convencerte de levantarte de tu cama y de aceptar que si no lo haces no puedes sobrevivir porque, sí, debes ir a trabajar para poder tener un sueldo a fin de mes y poder pagar ese cuarto donde duermes, de lo contrario, ¿qué demonios vas a hacer? Allí en ese monumental esfuerzo por las mañanas todo lo poco que descansaste se va, desaparece y ahora, debes dividir ese 10% restante en toda la maldita jornada, terminando por dar el 150% de ti, y que aun así, parezca que no hiciste nada. Y no es solo que te digan que no estás esforzándote, no hace falta, tú mismo lo sientes de esa manera, tú mismo te castigas, te cuestionas, te dañas, y aún así, aquí sigues, tratando de sobrevivir, convenciéndote de que algún día dejaras de sentirte de esta manera ...